Respondiendo a la llamada de la especie

Cumplir con el ciclo reproductivo es uno de los momentos importantes en la vida del atún rojo Atlántico. Los ejemplares adultos se toman muy en serio esta cuestión y no dejan nada al azar. El objetivo es que la fecundación se realice con éxito y sobrevivan la mayor cantidad de peces posible.


Los atunes en edad reproductiva inician una migración desde el Atlántico para llegar al Mediterráneo Occidental. Los grupos son tan numerosos que pueden verse desde el aire. 


Os preguntaréis el porqué de un viaje tan largo. No hay una sola respuesta para esa pregunta. La más obvia es que buscan las condiciones óptimas para la reproducción. Los atunes rojos son muy exigentes y necesitan, en primer lugar,  que el agua alcance los 20º de temperatura. Cuando esto ocurre liberan en el agua millones de huevos y grandes nubes de esperma. La puesta se realiza a unos cinco metros de profundidad entre las dos y las cuatro de la madrugada. Parece ser que la razón por la que trasnochan es para evitar a los depredadores.

Los condiciones ideales para la puesta de huevos del atún rojo.

Sin embargo, la calidez del agua no es suficiente para asegurar el éxito de la puesta. Es necesario, además, que no falte el alimento a los pequeños. Pero contra toda lógica, los atunes rojos eligen aguas muy pobres en nutrientes para criar. Los investigadores están intentando descifrar el por qué. Es posible que la ventaja sea que al ser aguas pobres, acudan pocos depredadores de las crías. Y sí se sabe que las crías, para compensar, practican el canibalismo y a menudo se comen las unas a las otras. Cuando llegan a un cierto tamaño dejan de hacerlo y a partir de entonces nadan siempre en grupo.

48 horas de cambios decisivos

Una vez que los atunes adultos han llegado al lugar ideal para la puesta comienza la aventura de la vida para una nueva generación. El huevo fecundado tiene un milímetro de diámetro y flota en el agua hasta que eclosiona. Este proceso puede durar entre 24 y 72 horas, dependiendo, una vez más, de la temperatura del agua. Para salir adelante los huevos necesitan que su medio esté al menos a 20º y podrán sobrevivir a temperaturas de hasta 30º.


Sólo dos de cada 30 millones de huevos fecundados llegará a la edad adulta.


Cuando esto ocurra tendrán entre cuatro y seis años y habrán alcanzado un peso de unos 45 kilos. En ese momento podrán reproducirse por primera vez.

Pero volvamos a nuestro pequeño huevo fecundado, tan parecido al de cualquier otro pez. Sólo un análisis genético podría decirnos con certeza a qué especie pertenece. De este huevo sale una larva de 3,5 milímetros que no se parece en nada al adulto que, con suerte, llegará a ser. El primer alimento de la larva es el saco vitelino, que incorpora una gota de grasa. Gracias a esta reserva de energía la larva podrá sobrevivir hasta que pueda abrir la boca y empiece a alimentarse activamente.

Una de las características del atún es que come por los ojos, aunque no en un sentido literal. Lo que ocurre es que los atunes sólo comen lo que pueden ver. Con la supervivencia como meta, el primer objetivo de este pequeño ser en sus dos primeros días es el desarrollo del ojo. En esas 48 horas también abrirá por primera vez la boca y el ano. Estos cambios son indispensables para localizar la presa y poder comer. En los primeros días la larva también se va pigmentando. La distribución y la cantidad de estos pigmentos permiten a los taxónomos identificar cada especie de atún.

25 días para completar la metamorfosis

Las dos siguientes semanas las larvas se concentran en desarrollar su sistema  digestivo. Esto incluye dientes, mandíbulas, estómago y glándulas gástricas. En estos 14 días también se completa el desarrollo del sistema visual. Los copépodos y los cladóceros, pequeños crustáceos muy abundantes en el plancton marino, son su menú principal.

La formación de la vejiga natatoria es otro de los hitos de su desarrollo y este proceso puede  comenzar en su tercer día de vida. La vejiga natatoria es una bolsa llena de gas que le permite mantenerse a la profundidad deseada sin esfuerzo. Para “activarla” el atún deberá subir a la superficie del agua y tomar aire.


Durante la etapa larvaria, el atún se mantiene en las aguas superficiales, más cálidas.


Los ejemplares adultos, en cambio, son capaces aventurarse hasta los mil metros de profundidad en busca de presas.

Principal alimento del atún rojo a lo largo de su desarrollo.

El siguiente paso en su camino a la madurez es finalizar la flexión de la notocorda, la columna vertebral de la etapa larvaria, para formar en su extremo posterior la aleta caudal. El desarrollo de esta y las otras aletas aumenta su capacidad de natación.

Nuestro pequeño atún ya posee sus ojos, estómago y las diversas aletas. Así a los 25 días aproximadamente finaliza la metamorfosis. Este es el proceso biológico durante el cual la larva desarrolla las características de un juvenil, con mayor parecido a los adultos. La duración de la metamorfosis dependerá de la temperatura del agua y de la cantidad de alimento que la larva pueda conseguir. Los juveniles ya disponen de pínnulas, pequeñas aletas rígidas ligeramente amarillas que  ayudan a que el agua fluya perfectamente sobre la superficie del pez ayudándole a nadar más deprisa.

El juvenil da paso al adulto que seguirá creciendo y engordando, y que completará sus primeras grandes migraciones. Como animal gregario, pasada la etapa larvaria, el atún nadará siempre en grupo. Si tiene mucha suerte, al cabo de unos cuatro  o seis años podrá reproducirse y el ciclo comenzará de nuevo.