Los mares y los océanos son los mayores territorios del planeta todavía por explorar. No son pocas las entidades y profesionales de la ciencia que dedican sus esfuerzos al conocimiento de este medio que tanto nos fascina.


En el Puerto de Mazarrón (Murcia) está situado uno de estos centros dependiente del IEO Murcia, una planta experimental de cultivos marinos dedicado al estudio en cautividad de diferentes especies del mar.


Allí hemos viajado este pasado mes de junio para seguir conociendo mejor a los atunes. El estudio de estas especies es imprescindible para asegurarnos su sostenibilidad y la de su medio. En definitiva su conocimiento nos permite tomar las mejores decisiones para su conservación y preservación actual y futura.


El objetivo de nuestra estancia en Mazarrón ha sido medir el gasto metabólico en las larvas de atunes (en este caso del bonito atlántico, Sarda Sarda), es decir, saber cuántas calorías utilizan para nadar, crecer y mantenerse vivas.


El conocimiento de este aspecto de su biología nos permitirá estimar la cantidad de alimento que necesitan para su supervivencia y como esta cantidad varía con la temperatura y el tamaño de la larva según crece.

Un trabajo en equipo

Para empezar nuestro experimento ¿de dónde conseguimos las larvas? La colaboración con otros profesionales es indispensable para el trabajo de los científicos, en este caso de los pescadores de la Almadraba la Azohía (Murcia). El bonito atlántico se reproduce en junio en las costas del Mediterráneo Occidental.


Junto a los pescadores hemos salido a buscar especímenes en edad de reproducción y a bordo hemos mezclado óvulos y espermatozoides de bonitos hembra y macho para obtener huevos fecundados.


Para ello en un cubo con agua se ponen los óvulos y se introducen unas gotas de espermatozoides, después de remover ya estará listo.


Aquí veis gónadas de hembra que tienen los óvulos listos para soltar al agua y gónadas de macho que producen los espermatozoides.


Del mar al laboratorio

Ponemos los huevos ya fecundados en tanques de 1500 litros, que se transformarán en larva y ¡ya estaremos listos para investigar!

Pasadas entre 48 y 72 horas, que es el tiempo que el huevo de bonito necesita para convertirse en larva, sacaremos de los tanques algunas larvas que son las que utilizaremos para nuestra experimentación. Las investigaciones se hacen a oscuras para que las larvas estén lo más tranquilas posible. Hacemos la preparación con bombillas rojas y ponemos las larvas individualmente en viales. A través de un respirómetro que conecta los viales a un ordenador se mide cómo el oxígeno disminuye.


La resta del oxígeno inicial y del que queda, pasados 50 minutos, es el oxígeno consumido por cada una de las larvas y, por tanto, el gasto metabólico.


Aún estamos analizando los resultados y tardaremos varias semanas en tener algún resultado definitivo. En otoño volveremos para contaros algunos de ellos.


Puedes seguir esta investigación en nuestras redes sociales poniendo el hashtag #DesdeMazarron